Hermandad del Sagrado Descendimiento de Montilla

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Ermita de San José

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Los orígenes de esta ermita se remontan al siglo XVI, según nos refiere Morte Molina[1], en base a las escrituras de donaciones y otros documentos, aunque nada parece quedar de esa época pero se hace notar que a partir de mediados del siglo XVIII se realizaron obras de ornamentación en el interior culminando con la colocación del retablo mayor.

En los años finales de dicho siglo se realizó la fachada, en la que se aprecian aspectos neoclásicos.

Situada en la calle de su nombre, desde el punto de vista arquitectónico hay que decir que la ermita es antecede un compás rectangular, en desnivel con respecto a la vía pública y que la fachada se reduce a un paramento liso con apertura adintelada en la puerta. Sobre este dintel se observan unos motivos ornamentales propios del XVIII, como ya hemos apuntado anteriormente. Coronando, se nos presenta una espadaña de ladrillo con remate en frontón triangular y dos huecos para las campanas.

El cancel principal presenta planta rectangular con esquinas achaflanadas en las que se encuentran sendas columnas adosadas sobre pedestales, con fustes estriados y capiteles corintios. La decoración del mismo se basa en relieves tallados con motivos vegetales y de rocalla. El techo del mismo es plano con estrella en marquetería como único elemento decorativo. Han sido datados en los años finales del siglo XVIII. Las puertas de la Ermita presentan, a pesar de los muchos repintes, similares motivos decorativos así como son fechados en la misma época.

El interior del templo se divide en dos naves mostrándose la principal ligeramente abovedada sobre cornisas rectas. En el eje longitudinal de esta se encuentran la entrada y el altar mayor. En el muro de la epístola nos encontramos con una nave lateral, separada de la principal por dos arcos rebajados, asentados en su unión sobre una columna de fuste grueso, con capitel toscazo y realzada en un pedestal en forma de prismática. A los pies de la nave principal sobre el cancel, se encuentra el coro al cual se accede desde la nave lateral por una escalera de un solo tiro.

En cuanto a los retablos que encontramos en nuestra ermita podemos destacar que choca su exhuberancia con la simplicidad y austeridad de la ermita. El retablo mayor es de madera tallada y dorada y viene a asentarse sobre una bancada de madera policromada a imitación del jaspe. Este retablo consta de dos cuerpos, principal y ático, y tres calles enmarcadas en columnas salomónicas de seis vueltas decoradas con carnosas hojas que recuerdan, por su aspecto, a las lechugas y están rematados los fustes por capiteles corintios mientras que se asientan sobre mensulones en los que en medio de la hojarasca tallada aparecen niños atlantes.

En la calle principal se encuentra el sagrario, en forma de templete, con columnillas estriadas; sobre él, la hornacina, donde se encuentran las tallas de San José y el niño, con remate semicircular, a manera de urna, con puerta acristalada y cascarón con abundantes tallas doradas y todo enmarcado en un dosel entreabierto por tres angelitos y que desciende enmarcando el conjunto.

Las entrecalles laterales, más estrechas que la anterior, presentan golpes de talla bajo las repisas donde encontramos las tallas de Santa Ana con la Virgen Niña y San Joaquín dentro de hornacinas de medio punto, trasdosadas con nuevas tallas y rematadas por broches sobre placas.

El paso hacia el cuerpo del ático está marcado por una cornisa partida y sinuosa, resuelta en volutas en el centro del conjunto. También se divide en tres calles: la central muestra un medio relieve dorado y policromado, representativo de la muerte de San José, La clave del retablo la constituye un broche volado de hojarasca rizada. Las calles laterales presentan sendos lienzos con pasajes de la vida de san José con remate circular y marcos muy decorados. El límite circular se consigue por unas pilastras de fuste ligeramente cóncavo, ornamentadas con festones.

Este retablo ha sido atribuido, por su estilo, a Gaspar Lorenzo de los Cobos y fechado en torno a 1740.

En la nave lateral encontramos un retablito con una imagen de dolorosa de tamaño académico bajo la advocación de Nuestra Señora de la Soledad. Este retablo es, como el mayor, de madera tallada y dorada. Va centrado en una hornacina con remate semicircular abierto con un doselete y enmarcada entre festones de frutas y aletones mixtilíneos en los que se repiten los elementos decorativos que nos hemos encontrado en el altar mayor. Este retablo va rematado con un broche de talla entre volutas. Ha sido fechado en torno a mediados del siglo XVIII

En el altar mayor, en su calle central, podemos encontrar, justo encima del sagrario, las imágenes de San José, titular de la ermita, y del niño. Ambas son tallas completas policromadas aunque aparezcan vestidas y, aunque no están unidos físicamente, San José conecta con Jesús a través de la mirada. Tanto la talla de San José como la del Niño son tallas anónimas datadas en la primera mitad del siglo XVIII.

San José porta una vara de plata en su color formada por seis tramos, rematados en un nudo abellotado, y con decoración vegetal esquemática; y se corona con un halo de plata en su color decorado con ramos enroscados entre sí y rematado por un cerco de puntas.

El Niño se nos presenta con los brazos abiertos, el derecho en ademán de bendecir mientras que en el izquierdo sostiene un orbe de plata calada decorado con palmetas y rematado con una cruz dorada con piedras verdes incrustadas; y coronado por un resplandor de plata sobredorada con aspecto de media luna invertida y una decoración constituida por un flor central de la que parten dos guirnaldas de hojas. El resplandor se remata con una cruz con rayos en los vértices y se completa con un cerco de rayos ondulados y lisos dispuestos alternativamente.

En la calle de la derecha encontramos las imágenes de Santa Ana y la Virgen Niña. Dichas tallas son policromadas y visten túnicas y capas talladas y policromadas con broche. Santa Ana lleva además una toca que le cubre la cabeza mientras que la Virgen lleva corona abierta de plata en su color y porta un libro. Ambas tallas son anónimas datadas a finales del siglo XVII.

En la calle de la izquierda encontramos con una imagen, de tamaño académico, de San Joaquín en estricta posición frontal que se apoya en un cayado que lleva en la mano derecha, mientras que en la izquierda porta un cordero dorado, aludiendo a la figura de Jesús. El manto con el que se envuelve le rodea a la altura de la cintura con pronunciados pliegues. También es una talla anónima de principios del siglo XVIII.

La talla de Nuestra Señora de la Soledad, que se encuentra en el retablito lateral, es una imagen de vestir, con talla de cabeza y manos, coronada con un resplandor de plata en su color. Es anónima de finales del siglo XVIII mientras que el resplandor está datado a principios del XIX.

Virgen con el niño: Óleo sobre lienzo de 96 x 124 cm. anónimo del siglo XVII, en el que aparece la Virgen con el niño sentada sobre el creciente de luna, vestida con túnica roja y envuelta en un manto azul que le cubre la cabeza coronada por una aureola.

San Francisco Solano: Óleo sobre lienzo de 60 x 86 cm. que es copia, de estilo popular, del retrato que se le hizo en Lima después de su muerte.

Escenas de la vida de la Virgen: Conjunto de cuatro cuadros al óleo sobre lienzo de 84 x 63 cm. anónimos de comienzos del siglo XVIII, que representan los esponsales de la Virgen y San José, la Anunciación, la Adoración de los Reyes Magos y Jesús hallado en el templo. Parecen obra de un taller puesto que, aunque pertenecen a una misma serie, se aprecian distintas manos y calidades.

Jesús de la Humildad con San Pedro: Óleo sobre lienzo de 150 x 110 cm. anónimo de la segunda mitad del siglo XVII, presenta a Jesús sentado, coronado de espinas tras los azotes. A la derecha, dos ángeles plañideros y una columna sobre la que aparece el gallo y, a la izquierda, San pedro implorante revestido de manto amarillo. Toda la escena se presenta sobre una tarima entre cortinas.

Sagrada Familia: Óleo sobre lienzo de 69 x 42 cm. anónimo de finales del siglo XVII, que representa una escena doméstica en la que San José trabaja en su banco de carpintero ayudado por Jesús Niño mientras que la Virgen aparece bordando. En el centro de la composición aparece una ventana enrejada por donde entra la luz que ilumina la escena.

San Jerónimo: Óleo sobre lienzo de 89 x 136 de la primera mitad del siglo XVII, que representa al santo como un anciano con el torso desnudo, envuelto en un manto rojo y escribiendo ante un altar con crucifijo y cráneo, con un león a sus pies. De técnica tenebrista, sufrió repintes muy poco afortunados en la mitad superior.

Ecce Homo: Óleo sobre lienzo de 70 x 102 cm. de comienzos del siglo XVIII, que representa a Jesús de más de medio cuerpo vestido con clámide roja, corona de espinas y brazos cruzados y maniatados portando cetro.


[1] Morte Molina, J. Montilla, Apuntes Históricos de esta ciudad. Montilla 1888 (2ª Edición 1982)



 

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